El viaje de mi tía: Vejez y trabajo


Como ya os he ido contando, desde siempre quise trabajar y ser autónoma, libre. Pesara a quien le pesara.

En los años 60 comencé a trabajar como modista en un pequeño taller en un barrio de mi ciudad. Éramos un grupo de mujeres solteras que a través de este trabajo hacíamos realidad nuestros sueños de independencia. A mi madre este trabajo no le parecía mal, porque era nuestro sustento. Pero este trabajo era de los de antes, no cotizabas y ¿qué sería de mí el día de mañana?

Por ello busqué un trabajo “de los de verdad”. Trabajaba en un complejo socio-educativo en el área de educación especial. Me gustaba mi trabajo y pasaba el día rodeada de gente.

Todas las mañanas salía de casa a las 7 de la mañana y dejaba a mi madre en casa.

Cuando eres joven y tu madre está en buen estado físico y mental, todo es muy fácil.

Pero los años pasan, y todo va cambiando.

Yo envejecía y cada día que me levantaba era un poco más duro. Además todo se complicó cuando mi madre que ya estaba en la etapa de la vejez, comenzó con algunos achaques y limitaciones. Cuando uno tiene niños, parece que se entiende que tengas que llevarlos al médico, quedarte con ellos cuando tienen fiebre, etc… Pero ¿por qué no se comprende igual cuando a la persona que tienes que atender es un mayor?

Cuando tienes que cuidar de un niño, lo haces con cariño y preocupación. Cuando lo haces de un mayor, igualmente existe esa preocupación, pero yo lo sentía como una complicación de mi vida y mi trabajo.

El principal problema que encontraba, era la resistencia de mi madre a entender que estaba en su última etapa de la vida. Que no podía hacer las cosas como antes: cuando fregaba salpicaba todo de agua, cuando iba a comprar pan, se desorientaba y no sabía volver a casa… Todo lo que ella hacía para intentar ayudar en casa como había hecho siempre, ahora se estaba convirtiendo en un incordio para mí. Ella no lo entendía.

El equilibrio entre el trabajo y el cuidado de familiares mayores puede ser emocionalmente complejo y necesitamos buscar estrategias para encontrar una mayor resiliencia y bienestar en la vida diaria.

Y así fue pasando el tiempo, aprendiendo a compaginar el cuidado de un mayor, en este caso mi madre, con mi trabajo.

Y es curioso. Aunque he pasado por todas estas etapas de la vejez a través de mis abuelos y mi madre, nunca estás preparada para pasar tu por ellas.

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