El viaje de mi tía: La vejez desde mi niñez y juventud


¿Y por qué quiero hacer este viaje? En realidad, quiero trasmitiros mis visiones y las distintas posiciones desde las que he vivido la vejez. Cómo, al colocarnos en distintas etapas, vemos las cosas mejor, peor o mucho peor.

Nací en 1932, en un pueblo de la provincia de Castellón. Pronto llegó la Guerra Civil española, aunque llena de desafíos y dificultades, yo no lo sentí así, vivía muy tranquila. En ese momento aún era hija única, y vivía con mis padres y familiares en una masía en mitad de una montaña. No dependíamos de nadie, todo lo que necesitábamos, lo teníamos allí. Aquí transcurrieron muchos años de mi vida de niñez y juventud.

En esta situación de aislamiento, tenía una perspectiva influenciada por las opiniones, narrativas y experiencias de los adultos que me rodeaban, especialmente de mis padres y abuelos.

Mis abuelos. Eran los viejos de mi niñez.

Para mí, eran figuras de autoridad y sabiduría y siempre encontré en ellos consejos, orientación y sabiduría; Un lugar donde encontrar amor y afecto ya que me amaron incondicionalmente y siempre me apoyaron; Transmisores de valores y tradiciones, que ayudaron en fortalecer los lazos familiares; Apoyo emocional dado a que fueron un hombro sobre el que llorar, nunca me juzgaron y me dieron consuelo y seguridad; Relación intergeneracional. Esa diferencia generacional me dio otras perspectivas sobre la vida y me ayudo a comprender mejor el pasado y el presente.

En estos años no habían demencias ni enfermedades de deterioro cognitivo. Todo el mundo se trataba en las mismas condiciones, cada uno con sus limitaciones. Eran conformados, aceptaban su situación y su paso a otro estatus en la familia. Que fácil nos lo hacían!!!!!!!!!!

Nunca los vi como un estorbo o una preocupación. Formaban parte de mi día a día, de mi aprendizaje y no imaginaba una vida sin ellos. Cuantas veces imaginé como viviría el día que no estuvieran, que sentiría, ¿podría hacerlo?

Claro que lo hice. Aprendí a vivir recordando los momentos felices que viví con ellos. De esta manera me sentía conectada a ellos y podía procesar mejor mis emociones y sentimientos.

En resumen, para mí, la vejez vista desde la niñez y juventud es algo maravilloso.

¿La veré igual en mis siguientes etapas?

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